


José Francisco Pérez Soto, “el Jefe” para el balonmano y “el Changa” en su Pola de Siero natal, donde nació un 24 de Enero de 1948, ha sido uno de los grandes árbitros del balonmano asturiano.
Fue portero de balonmano en los equipos de la OJE y El Carmín, ambos de Pola de Siero, para iniciar después una larga y exitosa trayectoria arbitral durante 25 años, de los cuales 21 lo fueron en categoría nacional, desde la 1973-74 a las 1993-94, año de su retirada, con diferentes compañeros como los también asturianos Javier Tuya, Alfonso Plaza Espiniella, Juanjo Navarrete, Ángel Martínez, Juan Antonio Barro, Avelino Muñiz, Miguel Ruisánchez, así como alguno de fuera del Principado.
En 1994 recibió un merecido homenaje de todo el balonmano asturiano, con un partido organizado por la Federación de Balonmano del Principado de Asturias, entre los dos equipos más representativos asturianos, Deportivo Gijón y Naranco de Oviedo.
Un total de más de 2500 partidos arbitrados, de ellos más de 550 en categoría nacional, ganándose el respeto de jugadores, entrenadores, equipos y compañeros, tanto por su calidad deportiva como por la personal, siendo un modelo de referencia para varias jóvenes generaciones de árbitros.
Su última actividad fue participar en la fundación de la Asociación de Balonmano del Principado de Asturias.
En 1992 recibió el Premio a la Trayectoria por parte de la Federación Asturiana de Balonmano, y en 2018 recibió el premio a su larga y exitosa trayectoria en la Gala-Homenaje a los Valores del Deporte, organizada por el Ayuntamiento de Siero.
Su talante, bondad y buen humor le hizo ganarse el cariño y el respeto del mundo del balonmano español.











Stage arbitral en el Intra (Universidad Laboral, Gijón) 89-90


Pretemporada 90-91

Transcripción para facilitar la lectura
EL COMERCIO. Viernes, 4 de noviembre de 1994 — DEPORTES
«El Jefe» se jubila
El objetivo de esta columna semanal es el de divulgación o información técnica del balonmano, pero en algunas ocasiones también intentaremos glosar o dar a conocer a personas relacionadas muy directamente con nuestro deporte, como un modesto homenaje por sus méritos contraídos.
Esta es una de esas ocasiones especiales, tan especial como la persona que ocupa estas líneas: Francisco Pérez Soto.
Recientemente lo comentamos de pasada, cuando nos referíamos al tema arbitral. Se jubila o más bien se retira del arbitraje una persona muy querida y admirada en el mundo balonmanístico asturiano. Con cuarenta y siete años de edad y más de veinticinco en activo, Francisco Pérez Soto, «El Jefe», deja de arbitrar.
Pérez Soto fue portero varias temporadas del equipo de balonmano del Carmín, de Pola de Siero, y se retiró como jugador muy pronto. A los veintiún años se hizo árbitro de la mano de otro pletórico insigne, Cándido Peña. Fue una etapa dulce en el arbitraje asturiano en la zona de Siero. Picachón, Murillo, Cándido Peña y Pérez Soto se convirtieron en auténticos «mosqueteros» del arbitraje. Con el paso de los años, sus compañeros fueron dejándolo por diferentes causas y al final «El Jefe» se quedó solo ante el peligro hasta que el repentino fallecimiento de su mujer, hace unos meses, le decidió dejar de pitar para dedicar más tiempo a su familia. Pérez Soto ha sido toda una institución no sólo en el aspecto puramente técnico o deportivo, en el que tuvo de todo —gloria y fracasos, como casi todos—, sino en el plano personal. En este aspecto sí fue el número uno de nuestros árbitros. De buen carácter, buena persona y mejor compañero, era respetado por todos sus compañeros de oficio, que hacían cola para formar pareja con él.
En el camino quedan partidos de todas las categorías. Desde alevines a sénior, desde regionales a fases de ascenso y, como él bien dice, sólo me faltó pitar en División de Honor. Pérez Soto recuerda con cariño un partido de ascenso a la División de Honor entre el Guadalajara y el Puerto de la Cruz, que finalizó con empate a veinticuatro tantos y fue una de sus mejores actuaciones. También otro partido en Pontevedra, en un encuentro del Teucro en el que fue agredido, y no fue esta la última vez, ya que «poner la cara» en los partidos de fuera era una de sus características.
Con el paso de los años, Pérez Soto formó pareja arbitral con bastantes de sus compañeros. Desde aquella entrañable Espiniella-Soto, a la que siguieron Javier Tuya o el madrileño Júdez, hoy también retirado, y por último el entonces jovencísimo Ruiz Sánchez, que a la larga fue su pareja arbitral más estable, ya que estuvieron juntos la friolera de ocho temporadas dirigiendo partidos.
Ante el anuncio de su forzada retirada, la Federación Española de Balonmano le concedió la medalla de plata al mérito en el balonmano, aunque ya tenía desde hace años la de bronce, sólo superado en distinciones por la medalla de oro que tienen Lamas y Gallego, que pertenecen a otra galaxia arbitral.
En el pasado verano se había organizado un multitudinario homenaje a «El Jefe», que tuvo que ser aplazado por razones obvias, y ahora se le prepara otro, por otra parte merecidísimo, que se celebrará el próximo día cinco de diciembre, en el que, durante un partido, se le impondrá dicha medalla por parte de Domingo Bárcenas, presidente de la Federación Española. No es para menos.
Pérez Soto ha intentado ser honesto y justo en lo personal y en lo deportivo. Tenía fama de perjudicar a sus amigos, para que los rivales no fueran a «pensar», y en este sentido sé de un equipo femenino de Pola de Siero, de donde es natural Pérez Soto, que ha dado un suspiro de satisfacción al saber que «El Jefe» se retiraba y colgaba su silbato, puesto que en los partidos igualados siempre que pitaba en Siero solía ser anticaseiro. Con sus defectos y sus virtudes, que por supuesto son muchas más, Pérez Soto deja una estela de hombría de bien y de compañero entrañable. Con él casi finaliza una generación de árbitros asturianos, a la espera de que Alfonso Luis de la Plaza Espiniella también se retire.
A Pérez Soto se le han ofrecido cargos directivos y federativos de toda clase, para que siga vinculado al balonmano, pero que prudentemente ha rechazado, a la espera de reorganizar su vida, lo que no quiere decir que el día de mañana no veamos de nuevo a «El Jefe» al frente de sus queridos compañeros del silbato. Mientras llega ese momento, desde este rincón quiero enviarle mi más cordial felicitación. Enhorabuena, «Jefe».
Antonio G. Oliva
La portada de El Comercio, en su esquina inferior izquierda, cita el homenaje a Soto